El viche se respeta


En los últimos días, hemos visto a través redes sociales y algunos medios de comunicación, la intensificación de una polémica que empezó un par de meses atrás. Con el hashtag #ElVicheSeRespeta, personas de todas las orillas han expresado gran rechazo ante un incidente protagonizado por dos hombres, uno de ellos, proveniente de Cali y el otro, del extranjero. Ambas personas inscribieron la marca Viche del Pacífico ante la Superintendencia de Industria y Comercio.

La indignación ha resultado tan amplía que varias organizaciones y entidades decidieron movilizarse para exigir el proceso de cancelación de la marca registrada. El debate ya está abierto. En semanas anteriores, asociaciones e integrantes de la cadena productiva del viche redactaron el “Manifiesto de protección y conservación de la destilación del viche como práctica ancestral”. Dicho texto expone la importancia del viche y sus derivados como representación de las tradiciones y las prácticas culturales y cotidianas de las poblaciones del Pacífico colombiano. Explica, entre otras cosas, que estas bebidas guardan una estrecha relación con la cosmovisión de estos pueblos y que es, además, fuente de ingresos para las familias que provienen de estos territorios.

Desde nuestro equipo queremos contribuir y enriquecer este debate, pues estamos convencidas que es necesario reflexionar sobre estas situaciones y sus implicaciones para las comunidades afrocolombianas; y que resulta de vital importancia invitar a la discusión, voces que puedan aportar desde su experiencia y conocimiento.

Por esa razón, conversamos recientemente con Benedicta Montaño, emprendedora de Guapi, Cauca, y dueña de Productos Ancestrales Don Be, empresa que produce artesanalmente y comercializa bebidas como el viche y sus derivados. Para Benedicta, Productos Ancestrales Don Be es su proyecto de vida, un proyecto que busca conservar la tradición inherente a las comunidades negras de la zona del Valle del Cauca, en el Pacífico colombiano, de donde ella y su familia proceden.

Quisimos empezar la conversación preguntándole a Benedicta su opinión acerca de la iniciativa del registro de la marca Viche del Pacífico. Para Benedicta, el problema, dice, no es que las dos personas que registraron la marca quieran producir y comercializar la bebida. El problema es querer apropiarse de ella a través del registro del nombre ancestral dado por las comunidades afro a la bebida, lo cual impediría el uso del mismo por parte de estas mismas comunidades. Para Benedicta, además, registrar y denominar al viche y sus derivados como bebidas alicoradas implicaría quitarles parte de la historia y la tradición que entrañan.

Al respecto, Benedicta nos cuenta que el viche y su elaboración es transmitido de generación en generación. Lo hacían su madre, su abuela, su bisabuela, su tatarabuela. Su madre preparaba el viche enterrándolo bajo la tierra y luego sirviéndose en totumas. Al fallecer su madre, las recetas ancestrales fueron heredadas por ella y por sus hermanas. Mientras que sus hermanas no continuaron con la tradición, Benedicta decidió seguir preparando las bebidas y comercializarlas. Benedicta nos recuerda que estas bebidas en el Pacífico tienen funciones medicinales. Cuando las mujeres dan a luz suelen beberlas para fortalecerse. Tomar estas bebidas también es común cuando las mujeres padecen quistes, cólicos y miomas. Justamente, las bebidas como el viche pertenecen al mundo femenino, son a las mujeres de la comunidad a quienes se les enseña a prepararlas y aunque actualmente existan hombres que las comercializan, son las mujeres quienes preservan la tradición.

Por último, ante la cuestión de a quién le corresponde hacer y comercializar el viche, ella responde, “nadie debería apropiarse de la marca, ni siquiera las personas afro. Todos tienen derecho de trabajar y producir estas bebidas.” Sin embargo, es muy importante garantizar el respeto por nuestras tradiciones, costumbres y raíces. En ese sentido, se deben poder establecer reglas claras y garantizar que todos los productores se comprometan a mantener la calidad del producto, utilizando las técnicas de elaboración tradicionales, trabajando en colaboración con las comunidades de las zonas que producen las bebidas y manteniendo las características específicas que hacen que estos productos sean únicos en el mercado.

La reflexión de Benedicta se extiende a la necesidad de fortalecer el trabajo de las comunidades afro que se dedican a estas tareas, entre otras cosas, porque el mercado y los espacios de promoción y comercialización como las ferias representan, aún, muchas limitaciones para las comunidades afrodescendientes que se ven continuamente enfrentadas a superar obstáculos a la hora de acceder al mercado y a recursos para desarrollar sus negocios.

La producción artesanal de bebidas como el viche y sus derivados, hacen parte del patrimonio cultural de nuestro del país y propiamente, de las comunidades del Pacífico. La consecución de iniciativas como el registro de la marca Viche del Pacífico, podrían cercenar la potencia y la vitalidad que poseen estas prácticas ancestrales dentro numerosos territorios y poblaciones. Esta conversación se mantiene abierta y se mantendrá vida, pues escenifica una cuestión necesaria. ¿Cual debe ser la resolución de este conflicto? No existen respuestas absolutas ni definitivas, sin embargo, una medida como la Denominación de Origen Protegida podría salvaguardar las técnicas, saberes y comunidades que por años han desarrollado estos productos.


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