La Lista Negra 

"Soy de Buenaventura y he tenido problemas por el desplazamiento forzado. A mi primer esposo, el papá de mis hijos, lo mataron en Buenaventura y por esa razón me tocó desplazarme para otro sector, para otro barrio. Luego de ese desplazamiento, tuve que desplazarme de nuevo y de nuevo hasta que llegué acá, a Bogotá.

Mi esposo era comerciante, el traía borojó para Bogotá, eso fue en 1996. En ese entonces el paramilitarismo estaba presente por todas partes, los paras cobraban sus vacunas y aquel que no les pagara…

Me tocó salirme de mi barrio y me fui para otro barrio. Como en ese barrio también había conflicto armado me fui para el Sinú, a dónde mi mamá. De ahí me tuve que ir para El Capricho,  pero allí también los paras cobraban sus vacunas y entonces volví a tener problemas con esa gente. 

Entonces tuve que venirme para Bogotá, andar sola y pasar por momentos difíciles, como cuando no me aceptaron la declaración de desplazamiento y no salí en el registro único, por lo que tuve que hacer muchos papeles. Finalmente me salió la declaración y logré integrarme a Afrodes (Asociación Nacional de Afrocolombianos Desplazados). Allí pude organizarme con varias mujeres, intercambiar experiencias y empezar a trabajar por dar a conocer la cultura negra.

Es muy difícil lidiar con el racismo de algunas personas mestizas y a veces de las mismas instituciones. De Bogotá me gusta la diversidad y las oportunidades de trabajo, aunque desafortunadamente sean limitadas para nosotros los negros.

Sin embargo, puedo decir que si hay diversidad porque he podido vender mis productos y he podido solventar mis gastos con el fruto de mi trabajo. Trabajo también con la medicina ancestral y con la gastronomía. Estas posibilidades me han ayudado a salir adelante junto con mis tres hijos. 

Cuando empecé a sentir el racismo en Bogotá, sentí la necesidad de moverme entre mi gente y llegué al barrio Colinas de la localidad Rafael Uribe Uribe en dónde empecé a incidir en el trabajo de la alcaldía.  Reuní un grupo de muchachas y empecé a bailar danzas muy propias de nuestra cultura, luego creé una organización que se llama Afropaes y empecé a enseñarle a los niños a tocar los tambores.  Ahora soy parte de la mesa afro de la Alta Consejería para las víctimas, continuo trabajando con la alcaldía y con la comunidad".

Jini Montaño

“Soy caleña, de mamá chocoana y papá italiano, pero criado en Tumaco. Llegué a Bogotá cuando tenía 10 años. 

 

Puedo decir que Bogotá me lo ha dado absolutamente todo. De Bogotá son mis hijos, aunque ellos promueven su cultura afro al cien por ciento, como son afro dicen “somos afro rolos". 

 

Le agradezco mucho a la ciudad por las oportunidades que nos ha ofrecido pero nunca me he desligado de mis raíces. Sin embargo, hay  gente que me dice que soy bogotana porque llevo ya mucho tiempo en Bogotá, pero no, aunque quiero mucho la ciudad, soy caleña, criada como caleña. Desayuno patacón con queso costeño rallado, me gusta comer abojarrado y mis marranitas no me pueden faltar.  Soy caleña al cien por ciento.

 

Cuando tuve que tomar la decisión de qué estudiar, me decidí por dos carreras. Inicialmente estudié licenciatura en preescolar, y luego  literatura infantil y juvenil. Entré al distrito a trabajar como maestra y en paralelo tenía un jardín infantil. Duré trabajando más o menos cinco años en el aula y después empecé a trabajar haciendo coordinaciones en Ciudad Bolivar, en donde estuve seis años antes de entrar como coordinadora de convivencia del colegio La Amistad, en la localidad de Kennedy, en donde trabajo actualmente.

 

Tengo una vida en paralelo. Soy joyera y terapista de ángeles. Empecé a hacer joyas para mí y para mi hija y me fui a New York a estudiar angelogogía.

Hoy en día también soy vicepresidenta de la Organización Docente Etno Alternativa (ODEAL), una organización formada por maestros convencidos de la importancia de trabajar el curriculum desde lo negro como manera de "descolorizar" la educación. Creemos que la educación colombiana responde aún a dinámicas coloniales y a concepciones eurocéntricos y por ello, los negros hemos sido invisibilizados en todo el proceso del reconocimiento educativo.

 

Decidí trabajar y ser parte de ODEAL porque para mi el negro es poderoso, es la esencia misma. Ser negra es una herencia, es orgullo, es identidad, es poder, es envolverse en una cultura, es una razón de ser, es no desconectarse de los saberes e historia que llegó de África, y al mismo tiempo de reconocer su proceso de crecimiento y evolución.

 

Mi invitación es a usar la palabra negro con respeto y con orgullo. Mi etnia y esencia es negra y soy lo que soy gracias a que soy negra”.

Mónica Capurro

"Llevo doce años trabajando en ferias, solo vendiendo el producto.

 

Nací en Guapi, Cauca en el Pacífico. Cuando vine a conocer la ciudad de Bogotá me quedé trabajando en casas de familia. Estando acá mi mamá me enviaba estos productos para que me los tomara, le regalara a los compañeros y recocháramos. 

Empecé a ofrecerlo en el trabajo y me fue bien, entonces mi mamá se vino a Bogotá y me trajo más productos y empezamos a hacerlos en casa. Lo envasábamos en botellas de media de aguardiente.  Mi mamá ha trabajado toda su vida con estos productos, aparte de que trabajaba con la mina, porque es una tradición familiar que va de mujer en mujer. Con estos productos mi mamá levantó seis hijas.

 

Tengo 42 años, y llevo más de 20 años en Bogotá. Vivo con mis dos niñas, Angie y Darly Jissela y mi esposo, Manuel Valencia quien también trabaja con estos productos. Mi hija la mayor estudia Psicología en la Uni-minuto y la menor está acabando el bachillerato. Vivimos en Santa Librada de la localidad de Usme, tenemos nuestra propia casa.

 

El proceso de los productos es un proceso largo, por ejemplo, la base de este producto, la materia prima es el viche. El viche es el mismo guarapo que sale de la caña de azúcar. El viche me lo manda un familiar que tengo en Guapi; él lo envía a Buenaventura, de ahí lo mandan a Cali donde mi hermana y ella me lo manda acá a Bogotá. Sin embargo, también tengo que viajar mucho a Guapi por el borojó y por el coco que me sale mucho más barato allá. También voy por el chotaduro y por las plantas que no tiene químicos ya que todo es natural. 

 

Llegar a Bogotá fue muy duro, cuando yo llegué había mucho racismo. Por ejemplo, a uno le decían la negra Tomasa y todos los apodos que se les ocurría de manera despectiva, pero ya más o menos eso ha bajado… Mis hijas sufrieron mucho en el colegio, con la cuestión del racismo, la menor no quería volver y me tocó conseguirle una psicóloga. La molestaban por el pelo, se lo mantenían tocando, y le decían que ese pelo quieto, que era la negrita.

 

Nos ha tocado luchar mucho contra eso, pero también somos conscientes con mi marido que los mismos negros permitimos que eso suceda, por esta razón nosotros no dependemos de nadie y nos propusimos a trabajar rescatando nuestra cultura  para salir adelante. 

 

Nosotros reconocemos nuestros saberes tradicionales y nos duele mucho que se pierdan, por eso nos esforzamos todos los días para que estos saberes se conozcan y se valoren. Nuestra misión es que la población conozca nuestros productos y podamos seguir viviendo de ellos".

Benedicta Montaño

"Soy Adriana Sofía Mena Obregón, tengo 30 años, llegue a Bogotá chiquitica, como de cuatro años.

 

Soy de Chocó y mi familia es de Bahía Solano. Desde muy chiquita me ha gustado el baile, siempre me ha apasionado mucho, pero cuando chiquita no sentía que iba a hacer algo que me apasionaría tanto en mi vida, eso lo viene a descubrir ya cuando estaba en la universidad.

 

En la universidad una amiga me invitó a un grupo que se llama Palenque, a éste le debo todo lo que sé ahorita. Me acuerdo cuando llegué a un ensayo y estaba la gente bailando y los músicos en vivo, la percusión, los sonidos del tambor… todo eso recorrió mi cuerpo y yo dije - ¡qué es esto!, no quiero salir de acá-. Empecé a ir, empecé a ensayar y fue un proceso muy bonito de mucho aprendizaje y además de aprender a bailar, fue como estar con mi familia.

 

En Palenque aprendí la importancia de recuperar toda esa herencia ancestral. Las personas que vivimos acá en Bogotá nos alejamos a veces un poquito de la cultura y Palenque lo que hizo fue hacer que me apropiara más de lo mío y eso es lo que quiero proyectar ahorita al mundo entero, a través del baile y de la música. 

 

Llevo más de diez años bailando, digamos que mi fuerte es la música afrocolombiana contemporánea. Sé bailar diferentes ritmos como música tradicional colombiana y música urbana; doy clases de rumba, además soy ingeniera industrial y me enfoqué hacia la gestión de proyectos. Tengo una especialización en gerencia social.

 

Creo que he sido afortunada porque no he sentido discriminación desde que llegué a Bogotá, pero sé que las personas que vienen desplazadas, que vienen a Bogotá buscando otras oportunidades, sufren un choque muy fuerte por parte de la sociedad. Sin embargo, creo que el concepto que se tiene hacia los afrocolombianos está cambiando y las personas están valorando un poquito más el aporte que nosotros podemos dar al desarrollo de la ciudad, al desarrollo del país y no solamente desde la cultura, sino desde la profesión que cada uno tiene porque somos personas muy capaces desde diferentes ámbitos de nuestra vida".

Adriana Mena

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